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Home office y algo más

21/04/20 | Jorge Octavio Cappellini |

El COVID-19 y el consecuente aislamiento obligatorio nos enfrentan a una situación inédita en lo que se refiere a la prestación de nuestro servicio como asesores legales. No solo debemos estar informados y actualizados con los cambios normativos que se producen diariamente, sino especialmente acompañar a nuestros clientes de manera integrada y comprensiva frente a todas las situaciones puntuales que cada uno está atravesando (el cierre de sus empresas, la limitación o el cese de sus actividades, y las difíciles decisiones gerenciales que estas situaciones traen aparejadas, entre tantos otros escenarios críticos que deben afrontar).

A ello se le suma lo que vivimos nosotros como profesionales independientes y proveedores de servicios. Nos hemos adaptado rápidamente, como nuestros clientes, al cambio de paradigma que implica el trabajo remoto en sus diversas facetas. Extrañamos nuestro lugar inspiracional, nuestras reuniones de trabajo, nuestros libros y carpetas de antecedentes, nuestras reuniones con clientes, y tantas otras cosas propias de nuestro día a día. Sin embargo, vamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para que estos cambios acelerados no afecten la calidad del servicio que buscamos prestar a nuestros clientes. Incluso estamos aprendiendo a valorar las oportunidades que estamos descubriendo y generando a partir de la nueva situación.

En lo personal, estoy convencido que hay herramientas que en esta crisis no podemos abandonar: una actitud positiva y empática, y una mirada creativa. Como nunca antes, es el momento de aportar valor desde el vínculo personal con quienes nos han elegido para desarrollar sus negocios, acompañándolos emocionalmente (no solo desde el asesoramiento profesional) y agudizando nuestra creatividad para encontrar soluciones legales posibles en una situación de complejidad inédita con desafíos múltiples, cuya proyección y efectos no son posibles de visualizar aún.

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